EL ARDID DE ZEUS
El barco proveniente de
Grecia encalló en el puerto de Veracruz, con su cargamento de rarezas y piezas mitológicas, que serían exhibidas en
el Museo Nacional de Antropología e Historia. Los museólogos que esperaban
ansiosos su arribo y los tesoros, abordaron la nave para revisarlos antes de
que los descargaran, para verificar que se encontraran en buenas condiciones,
que el largo viaje no los hubieran estropeado.
En cuanto Hera, curadora a cargo del proyecto, desempacó la
primera reliquia, se maravilló a tal grado, que en vez de ordenar a sus
colaboradores hacer lo mismo, abrió cada una de las numerosas cajas, hasta
llegar a una que permanecía en lo más apartado de la bodega. Se apresuró a
destaparla, y para su sorpresa encontró dentro de ella una fragante y verde
lechuga, de la cual se enamoró al instante.
Sujetó la lechuga, y sin importarle la presencia de sus
colaboradores, excitada, la pasó por sus senos, sus nalgas y su vulva en un sin
igual frenesí erótico, que dejó pasmados a todos.
Después de varios orgasmos e incontrolables gritos de
placer, sus ayudantes, al percatarse de sus poderes afrodisíacos, y para que
Hera no pereciera de concupiscencia, le arrebataron la lechuga. Hecho esto,
Hera cayó rendida al suelo y aun así seguía quejándose dulcemente. El efecto
del estimulante le tardó varias horas, durante las cuales sus auxiliares
desembarcaron la preciada carga.
Cuando Hera preguntó por la lechuga, ésta misteriosamente
había desaparecido de su caja. Quedó muy triste y ordenó que la encontraran a
como diera lugar.
Pasado el tiempo, Hera despertó una noche con unas ganas
incontenibles de vomitar. Cuando lo hizo, sobre donde había expelido se
encontraba un hermoso efebo de ojos negros y bucles rojizos. Lo tomó
amorosamente con sus manos; el sol ya retozaba en la ventana, y un colibrí
revoloteaba. Hera comprendió entonces: era Zeus que había llegado para conocer
a su retoño.
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