miércoles, 6 de julio de 2022

 

EL ARDID DE ZEUS

 

El barco proveniente de Grecia encalló en el puerto de Veracruz, con su cargamento de rarezas  y piezas mitológicas, que serían exhibidas en el Museo Nacional de Antropología e Historia. Los museólogos que esperaban ansiosos su arribo y los tesoros, abordaron la nave para revisarlos antes de que los descargaran, para verificar que se encontraran en buenas condiciones, que el largo viaje no los hubieran estropeado.

          En cuanto Hera, curadora a cargo del proyecto, desempacó la primera reliquia, se maravilló a tal grado, que en vez de ordenar a sus colaboradores hacer lo mismo, abrió cada una de las numerosas cajas, hasta llegar a una que permanecía en lo más apartado de la bodega. Se apresuró a destaparla, y para su sorpresa encontró dentro de ella una fragante y verde lechuga, de la cual se enamoró al instante.

          Sujetó la lechuga, y sin importarle la presencia de sus colaboradores, excitada, la pasó por sus senos, sus nalgas y su vulva en un sin igual frenesí erótico, que dejó pasmados a todos.

          Después de varios orgasmos e incontrolables gritos de placer, sus ayudantes, al percatarse de sus poderes afrodisíacos, y para que Hera no pereciera de concupiscencia, le arrebataron la lechuga. Hecho esto, Hera cayó rendida al suelo y aun así seguía quejándose dulcemente. El efecto del estimulante le tardó varias horas, durante las cuales sus auxiliares desembarcaron la preciada carga.

          Cuando Hera preguntó por la lechuga, ésta misteriosamente había desaparecido de su caja. Quedó muy triste y ordenó que la encontraran a como diera lugar.

          Pasado el tiempo, Hera despertó una noche con unas ganas incontenibles de vomitar. Cuando lo hizo, sobre donde había expelido se encontraba un hermoso efebo de ojos negros y bucles rojizos. Lo tomó amorosamente con sus manos; el sol ya retozaba en la ventana, y un colibrí revoloteaba. Hera comprendió entonces: era Zeus que había llegado para conocer a su retoño.

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